El actor que se propone participar en una remasterización de una vieja película corre el riesgo de realizar una descabellada y barata reproducción imitativa de la primera. Lo mismo ocurre cuando uno se propone comentar en su blog un clásico de la literatura, más por el renombre e importancia de su autor que por la popularidad de la obra en sí, en este caso. Porque Las Bostonianas en su momento fueron motivo de censuras, por su contenido harto evidente homosexual. Henry James lo era. Homosexual. Pero no se propuso hacer una simple denuncia, una recreación de su sexo reprimido ni una novelilla floja de interés erótico, sino que hizo lo que hoy casi parece imposible para los autores no heterosexuales, supo aprovechar un tema a sabiendas de su controversia y su interés antropológico. No hace falta conocer mucho al autor para darse cuenta de que fue un hombre con clase, alejado de toda ordinariez, que definió su estilo a través de los paradigmas de la sintaxis elaborada y las oraciones combinadas con gran número de proposiciones, en un texto de extensión realmente largo, aunque, contrariamente a lo que en una situación errónea de percepción se puede pensar, que ha de leerse precipitadamente, con agilidad mental para no perder el hilo argumentativo, ausente de pausas de puntualización pero con largas digresiones del autor y reflexiones sobre la psicología de cada personaje, que son los latidos vitales en la tensión de toda la novela, ya que en pocas ocasiones James se olvida de alejarse de situaciones de gran visibilidad, y prefiere la aparente serenidad y cotidianidad contada a través de un tiempo interior a la novela relativamente expandido pero compuesto de pocos escenarios y cuadros, que de por sí parecerían inofensivos si no fuesen escrutados por la atenta y omnisciente mirada del genial y muy intelectual escritor. Con estas herramientas queda resumida toda la artillería _al menos en la obra tratada ahora_ de Henry James. En concreto la pone a su servicio para realizar una descripción atenta y observadora sobre dos temas de gran profundidad con base en el sexo, únicamente (muy freudiniano), es decir el lesbianismo _que no es explícito y se plantea precisamente como el clásico y peculiar "matrimonio bostoniano" de la época, las amistades románticas entre mujeres que muy a menudo se promovían desde las mismas familias, aunque no siempre se reconocían públicamente los vínculos sexuales entre las integrantes de la íntima relación que tenía su vigencia hasta que el matrimonio se concertaba con un hombre_ como tendencia frente a uno como necesidad o fenómeno surgido por la inercia, y el sufragismo como forma de liberación femenina y búsqueda de la justicia en contraposición, no absolutamente diametral y en ocasiones siendo complemento un elemento del otro, con el ansia de autorrealización y cumplimiento con los deberes para con los demás, pero no sólo en el sentido altruísta, sino en el más superficial, monetario, glamouroso...Un repaso dramático a las diferentes personalidades que pueden conformar la sociedad, sus móviles, sus acciones, y por tanto su "destino", consecuencia directa y dramática de ellas y de sus emociones enlatadas en las costumbres de la sociedad del siglo XIX. Muy recomendable si se pretende leer en un tiempo breve y con ganas de hacerlo.
Simone de Beauvoir escribió una novela apasionada sobre las emociones de una mujer enamorada, tan enamorada como lo estaría cualquier otra, pero con un amor incompleto, imperfecto, porque se basaba en el amor por sí misma a través de los demás, lo que hizo que al ser éstos reducidos a espejismos, ella se hundiese en el odio más espeso, por la vida, por ella misma, por su organismo. Monique es el nombre de la protagonista, que, en forma de diario, nos confiesa "la verdad", que para ella tiene una unicidad invariable. El diario no es más que una hoja en blanco, sí bien con retazos del pasado, pero uno confuso y doloroso, que pierde toda su esencia al ser descubierto como una cosa muy distinta a la imagen que de él se tenía preconcebida. En realidad, lo que parece un discurso intimista de la propia Simone, por ejemplo, en el ocaso de su duradera relación con Jean-Paul Sartre, otro gran filósofo existencialista, para mí no es más que el canto al perspectivismo Nietzscheano por antagonía: su moraleja es precisamente tomarse las cosas de la forma contraria a la de la protagonista, o así prefiero entenderlo. Con Sartre.
Aunque la excusa es una trama de infidelidad por parte del marido que siempre le ha parecido maravilloso y "transparente", pero que no lo era tanto, o no de la manera que Monique creía, en realidad la novela es importante. Su tensión es psicológica y con un ritmo in crescendo, es un verdadero Thriller, empático y sudoroso, se podría decir. Provoca amargura porque el relato es amargo, pero te llena de una intensidad desconocidas, a menos que se halla vivido algo similar (en cuanto a sentimientos, los hechos en sí son lo de menos), que te embriagan, dejandote asolada en el momento en que cierras el libro, leída la última página. Casi te hace echar de menos el sufrimiento. El desarrollo parece tan natural que sería factible pensar que, además por la breve duración del conjunto, Beauvoir lo escribió sin pensar, desahogando una opresión en la garganta. Pero tal vez fuese todo lo contrario y posea una elaboración exhaustiva, que pretendía iterrelacionar a la perfección cada dato, cada acontecimiento con un nuevo razonamiento lógico y con una nueva reacción química de la asfixiada Monique. El caso es que la perfección es sublime, anima a la lectura ya en sus primeras páginas, también por el impecable estilo, que aunque poco parafraseado, es muy poético y directo. Su sinceridad y sustancialidad lo hacen un relato que hay que leer, y no se puede cerrar un libro así hasta que se ha devorado hasta la última de sus páginas. Final atroz. Pero redondeado, tan real que deja lugar a la inevitable y absurda esperanza, pero vista desde el sentido del miedo. Es decir, que cuando cierras el libro ya sabes qué le ocurrirá a Monique: lo mismo que te ocurrió a tí en un momento crucial de tu vida. Este final abierto es precisamente lo que se merecía una novela tan vital y desgarradora como la vida misma. Creo que me he enamorado. De Simone de Beauvoir, por supuesto.
”Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta:la punta de la lengua emprende un viaje detres pasos paladar abajo, hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta."
>>Ningún amante ha pensado en su amada con tanta ternura, ninguna mujer ha sido tan embelesadamente evocada, con tanta gracia y delicadeza, como Lolita. (Lionel Trilling).
>>La obra más satisfactoria _quizá la única satisfactoria_ de la literatura erótica que haya leído...Mientras nuestro siglo entra en sus años finales, la última carcajada puede ser la mejor de todas: La Gran Novela Americana fue escrita por un ruso. (Alan Levy).
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La Infancia Perdida...
Cuando compré Lolita de Vladimir Nabokov mi única intención era explorar un mundo inaudito y vetado, quería conocer aquello que suponía un tabú pero que formaba parte de una identidad nuestra, de los seres humanos. La pederastia en sí nunca me ha parecido moral, ni moralizable en ninguno de los casos, pero tenía mis discusiones interiores con respecto a la pedofilia. ¿Por qué considerar enfermo a alguien que, por cualquier razón, es capaz de vibrar y rezumar por los poros una energía que tiene su origen y destino en la perfección, que no pureza, de seres jóvenes, sin ajar, esbeltos, suaves, aterciopelados, con un olor tan dulce? Creo que algo así pensaría Nabokov a lo largo de los años en que Lolita le mantuvo ocupado. Y especialmente porque consideraba absurdo crear una novela didáctica, con un final redondo como una moraleja:
Para mí, una obra de ficción sólo existe en la medida en que me proporciona lo que llamaré, lisa y llanamente, placer estético, es decir, la sensación de que es algo, en algún lugar, relacionado con otros estados de ánimo en que el arte (curiosidad, ternura, bondad, éxtasis) es la norma. Todo lo demás es hojarasca temática o lo que algunos llaman la Literatura de Ideas, que a menudo no es más que hojarasca temática solidificada en inmensos bloques de yeso cuidadosamente transmitidos de época en época, hasta que al fin aparece alguien con un martillo y le hace una buena raja a Balzac, a Gorki, a Mann.
El caso es que partiendo del impulso poético es que Nabokov descubre las verdaderas entrañas de un hombre que hubiese sido únicamente juzgado en lo legal y en lo psicológico.
Toda la plasticidad de las portadas que se le atribuyen a esta magna novela queda rebajada ante el gran pictoricismo de esta delirante obra. Un suceso de imágenes, con luz propia, de la que por su densidad es capaz de rozarte la piel, con aromas propios, de toda clase, no sólo agradables y sensuales, prácticamente con sabor, de repente puedes masticar un sentimiento, el terror, la angustia, el deseo, la serenidad, la plenitud, la infinitud...Nabokov es, probablemente, uno de los autores de prosa con mayor respeto por el formalismo y es esto lo que le hace libre a él y al lector. Supongo que no seré la única que cuando decide leer una historia ansía más impregnarse de la esencia y la atmósfera emocional y física, los rozamientos con su contexto histórico, que se almacena con el resto de elementos temporales, con un color supremo que te permite entrar en la escena de una vieja película, pero sin las limitaciones del blanco y negro, que entender y seguir la trama, como si fuese una simple crónica periodística, porque, sencillamente, desearía haber estado allí, cosa que Nabokov sabe y te permite realizar.
Única crítica negativa merecida: su segunda parte, tal vez por el deseo de aturdir, para la empatización con el perturbado y paranoico Humbert Humbert, es un tanto más ambigua y desordenada, más abstracta podría decirse. Y en cuanto a su poesía, debería también apuntar, o tal vez alagar, que es menos belleza para ser más explicación, justo el funcionamiento contrario a la prosa, justo al contrario de lo que suelen hacer los escritores comunes, que no por ello son de poca calidad, lo que sí, menos excepcionales.
Humbert Humbert es un fracasado licenciado en literatura que, ya viviendo de una pensión y con todo el tiempo libre que desea, decide irse de París, ciudad que habitaba plácidamente tras haber abandonado su natal Bretaña, que le regaló un acento peculiar que le haría destacar allá donde fuese en el Nuevo Mundo, para establecerse por motivos de negocios irrelevantes en Norteamérica. Allí, por los azares de la vida se termina desenvolviéndose en un ambiente familiar pequeño y convulso: el Mundo de Charlotte Haze, vieja viuda y peculiar dama, no sin falta de atractivo, y el de su hija _especialmente éste_ Dolores.
Charlotte, uno de mis personajes preferidos de la novela (a pesar de no perdurar demasiado en el relato) es una mujer muy dada a su propia humillación, en nombre del amor, la femineidad y el sexo. Aunque muchos podrían imaginarse a Humbert (como él mismo dice) como un ser despiadado por dentro y por fuera, en realidad posee un físico velludo, viril y poderosamente seductor que le valió una serie de romances a lo largo de su vida, que sin embargo no supieron satisfacerle. Es por estos factores que el protagonista obtiene el favor del sino y concluye que el matrimonio es la mejor forma de tener a su merced a la jóven chiquilla, de once años, con la que tantos juegos (para él eróticos) inolvidables practicará.
Uno de los aspectos fundamentales de la personalidad de Humbert es su...¿Cómo llamarlo? Capacidad para esperar, podría decirse. Él no quiere obtener aquello que desea a cualquier precio, es decir, de cualquier forma y en cualquier momento, sino de la manera más perfecta posible, para vivir su éxito como en un cuento de hadas. Así, no se precipita, como hubiese sido de esperar, y mata a su reciente esposa, Charlotte, sino que disfruta en la medida de lo posible de la serenidad de su relación juntos, sacando el máximo partido a su relación con la niña y la madre. Pero no descuida sus movimientos y, despacio pero seguro, prácticamente se deja llevar por lo que el entiende casi un regalo del destino, a quien no pretende tentar para no perder su dicha. Tras una discusión con Charlotte, que descubre el diario del pedófilo, éste asegura que ella está confundida, que estos documentos no son más que una novela, e insiste en que debe relajarse. Ella, sumisa, subordinada a su adorado compañero macho (porque para ella no es nada mucho más elevado), procura calmarse y se toma unas pastillas con las que él le abastece. Somníferos. Tenían un propósito más maquiavélico: drogar a madre y niña para divertirse una noche a la sombra de la inconsciencia de ambas, pero la historia dará un vuelco más a favor del que podríamos denominar héroe de la aventura. Los efectos son mortales en la pobre mujer, que, de nuevo alterada, decide salir a toda prisa de su casa y en un descuido (producido por el sofoco y el somnífero, sobretodo) es atropellada grácilmente por un automóvil que doblaba una esquina. Lolita en ese momento estaba en el Campamento Q, cosa que le valdrá a Humbert para acallar la verdad y decirle que su pobre madre está enferma en el hospital, que deberá estar largamente ingresada en él y que mientras, ellos dos se dedicarán a viajar. Por supuesto, Humbert hace creer a todos que la niña es suya, con una mentira bien confeccionada, pero tiene el cuidado de no pedir la custodia y tutela legal de la pequeña.
Y así comienzan las aventuras de estos dos personajes, tan trágica como decadente, pero ciertamente llena de algo similar al amor, un amor que no viene de ninguno de los dos, ni va a ninguno de ellos, sino más bien que es transmitido por el propio Nabokov, hacia la escena.
Lolita, llevada al cine por primera vez, en blanco y negro, por Stanley Kubrick.
Lolita, película de 1997.
Humbert, Hamburg...y un sinfín de insultos que se aplica a sí mismo el personaje central, también narrador, de gallarda inteligencia, tiene todos los cabos bien atados. Todo transcurre en un letargo que apenas parece posible quebrantar, hasta que un ser tan miserable como él, aunque a su modo, le arrebata la vida, le arrebata a Lolita. ¡Ah, Humbert! Eras ambiguo ante la ley, escurridizo para la policía, una ficción para la razón, para la sospecha, la curiosidad, para el propio devenir, que se mostraba amigo tuyo. Sólo un ser análogo a tí pudo realmente tener tanta suerte como tú tenías: La suerte del villano, la del inadaptado, la del sinvergüenza.
Y aquí el declive de la obra, que va acompasado al de Humbert.
Sólo el posterior asesinato que comete posee la misma fuerza que sus actos lascivos, pueden intuir por qué. En un ballet de verdadero ingenio, que recuerda al alarde cinematográfico, al teatro de vanguardia, Humbert se enfrenta a su alma gemela, a su espíritu opuesto, con el que decide estar en pleno conflicto, al que decide cargarle toda su desgracia. Y todo esto para poder seguir viviendo, como dice él mismo, para poder inmortalizar a su amada Lolita:
Pienso en bisontes y ángeles, en el secreto de los pigmentos perdurables, en los sonetos proféticos, en el refugio del arte. Y ésta es la única inmortalidad que tú y yo podemos compartir, Lolita mía.
Aquí un estracto de parte de la filosofía de Nabokov, que es poeta, antetodo, pero también filósofo, aunque a veces parezca que guste de no serlo:
Muchas veces he advertido que tendemos a atribuir a nuestros amigos una estabilidad similar a la que adquieren en la mente del lector los personajes literarios. Aunque abramos El rey Lear montones de veces, nunca encontraremos al pobre soberano apurando hasta la última gota de su jarra de cerveza la mar de contento, olvidados todos los pesares, en una alegre reunión con sus tres hijas y sus perros falderos. Nunca revivirá Emma, reanimada en el momento oportuno por las sales simpáticas contenidas en las lágrimas que Flaubert pone en los ojos de su padre. Sea cual fuere la evolución que este o aquel personaje popular ha experimentado entre las tapas de un libro, su destino está fijado en nuestra mente, y, de manera similar, esperamos que nuestros amigos se ajusten a tal o cual molde convencional que hemos acuñado para ellos. Así, X nunca compondrá la música inmortal que no armonizaría con las sinfonías de segundo orden a que nos ha habituado. Por su parte, Y jamás cometerá un asesinato. En ninguna circunstancia nos traicionará Z. Lo hemos dispuesto todo en nuestra mente, y cuanto menos vemos a una persona determinada, es tanto más satisfactorio comprobar la fidelidad con que se ajusta a la idea que nos hemos hecho de ella cada vez que nos llegan noticias suyas. Cualquier desviación del destino que hemos ordenado nos impresionaría, no sólo por anómala, sino también por su falta de ética. Preferiríamos no haber conocido a nuestro vecino, el vendedor jubilado de perritos calientes, si un buen día publica el libro de poesía más importante de su tiempo.
El célebre pintor Balthus, que vivió todo el siglo XX, probablemente hubiese sido el ilustrador ideal para la obra de Nabokov. En sus pinturas refleja su adoración por las niñas, que también manifestó con estas frases:
"Las niñas son las únicas criaturas que todavía pueden pasar por pequeños seres puros y sin edad. Las jóvenes adolescentes nunca me interesaron más allá de esta idea".
"Las niñas para mí son sencillamente ángeles y en tal sentido su inocente impudor propio de la infancia. Lo morboso se encuentra en otro lado".
Albert Camus, amigo íntimo del artista, decía: "No es el crimen lo que interesa, sino la pureza".
Vicente Molina Foix, otro amigo, escribió algo irónico pero que pretendía explicar la filosofía pictórica de Balthus: "Balthus no llegó a pecar, y estoy seguro de que era, como le gustaba a él decir, un pintor religioso. ¿No es, al fin y al cabo, la religión el ejercicio de una mirada fija y persistente a un punto inalcanzable? El culto misterioso de las niñas".
Su obra más importante, tal vez por lo grotesco y violento, que hizo al mundo artístico sacudirse.
Milan Kundera es un filósofo nato que disfruta dejando claro que conoce la naturaleza humana y el motivo o al menos la profundidad de los sentimientos del hombre y hasta de la mujer. Analiza sin temor, y cínicamente nos acerca a la verdad del personaje, por muy ruín que sea, aunque no es capaz de convertir al sujeto en un ser despreciable ante los ojos del lector. Si el don de Kundera se encuentra en lo que he acabado de nombrar, desde luego no se haya en la imaginación y la trama, o al menos prescindió de él cuando escribió La ignorancia, por motivos que desconocemos y que no ha alegado. La letra grande, el libro estrecho, apenas cuenta nada en lo que se refiere a sucesos. Eso sí, es realista dentro del mundo de la falta de consideración y de la inclinación a la desesperación sexual. Kundera parece haberse criado entre pilares de libros cuyo nombre del autor reza en la solapa resaltando bajo los carácteres que conforman las palabras Sigmund y Freud. Sí, para ambos todo es sexual, todo es líbido. Y además comete el pecado de engañar al lector con una prometedora lectura acerca de la reflexión y el apego, pero en todo momento durante la primera parte del libro no deja traslucir (al menos bajo los ojos de una jóven inocente) que el desenlace y punto álgido se encontrará en el erotismo. No porque sea erótico es malo, pienso yo. Yo pienso que como es malo necesita erotismo. Le aconsejaría a Kundera que aprendiese a escribir ensayos (para eso debe dejar de soñar guarradas que necesite imprimir en papeles y estructurar su mente) para plasmar su buena filosofía y la inteligencia de su pluma, o a unas malas que se apunte a un taller de imaginación e improvisación en el que le enseñen a inventar historias con un hilo argumentativo. Y sin embargo me he quedado con ganas de más. Sólo espero que el resto de su obra se sustente sobre historias más interesantes para poder regodearme con placer en su palabra. Arriba Milan Kundera, un checo emigrado.
El niño con el pijama de rayas merece ser leído sin siquiera haber salido la película. Yo llegué tarde. Ví el trailer en la televisión, supe que se trataba de campos de exterminio y decidí, no ya ir a verla al cine, sino también comprar el libro. Esta obra de John Boyne había sido editada de forma mágica. No existía sinopsis. No existía una edad específica para leerlo. No existía un motivo por el que comprarlo más que la curiosidad, porque además no se puede decir que John Boyne fuese conocido. Así que los valientes que lo compraron y lo leyeron antes de que se erigiese todo el fenómeno pudieron disfrutarlo más y mejor, y además más tarde pudieron ilustrar lo que su imaginación ya había intuído. De todas formas el libro es bueno y como un cuento. La letra, grande. La trama concisa y relajada. La narrativa, sencilla. Lo mejor de hecho es el final, así que la película si que resultó ser un crimen. Pero es lo de menos porque el libro en sí es tierno dentro de la crueldad propia del tema y debe ser una delicia leerlo por segunda vez, dentro de un montón de años, por los viejos tiempos, pues su lectura rezuma los aires de la vieja infancia.
Un árbol crece en Brooklyn es una novela tranquila, sin altibajos, luminosa, pero que muestra con realismo y pasión la verdadera vida. No miento si digo que esperaba algo más de la novela, pero sin embargo tampoco te deja con ganas de algo más, es completa y no deja nada sin decir. La historia es tierna, te involucra y te atrapa, parte de ésto último tiene también que ver con la facilidad de su redacción. Para mí fué sencillamente inspiradora. También ilustradora pues describe como si de un álbum de fotografías se tratase el Brooklyn de los años anteriores a la primera guerra mundial. Su protagonista cumple con el tópico de la amante de la literatura y la escritura, y por tanto es solitaria e inteligente, luchadora pero sin exageraciones. Aunque está en tercera persona a veces da la sensación de que la historia la cuente la misma Francie Nolan. Así de íntima es ésta novela en la que el desarrollo psicológico es esencial, pues todo comienza en la niñez de Francie y termina cuando ya es una jóven que ha sobrevivido a la adolescencia. El final, ese es el problema. Te deja con un sabor de boca extraño. ¿Ha acabado? ¿Ya? ¿No hay ningún final arrebatador o una moraleja? Moralejas tiene muchas, a lo largo de todo el libro, pero no hay un final redondo ni mucho menos, y te deja con la sensación de haber dejado de hablar a una antigua amiga de la que sabías casi todo pero de la que no sabrás nada más. Es decir, la dejas con vida, con esperanza se puede decir, y tranquila, pero no sabrás si ese estado permanecerá o variará, y de hecho, todos sabemos que lo hará porque la vida no nos da tregua nunca. Sea como sea, la verdad es que tal y como reza en la portada: Es un libro precioso. Dos detalles: El primero, el libro fué escrito en los años veinte, tuvo un gran éxito_sobretodo teniendo en cuenta que la escritora era precisamente eso, escritora_y llegó a convertirse en un clásico de la literatura americana. Así que cuenta con una película en blanco y negro imposible de encontrar en videoclubs, tiendas, televisiones y demás, así que la única salida es internet. El segundo: Ha acabado de salir una edición con tapas duras pero en una versión más pequeña, bastante curioso. Por unos diez euros tienes un buen libro con una edición interesante. Así se evita comprar la edición de Lumen, que cuesta el doble, o por la que yo me decanté en mi ignorancia: La de círculo de lectores. Un consejo. Cuando un libro es bueno saldrá en edición de bolsillo en unos tres o cuatro meses, así que casi no merece la pena apresurarse en obtener el ejemplar recién publicado por veinte euros. Es que a una la crisis le afecta, y no puede dejar de preguntarse por qué tiene un talento especial para comprar cosas sobrevaloradas. Viva el capitalismo, pero el capitalismo neoliberal y que funcionen bajo los límites de los derechos humanos...
Como biografía que es, está escrita en prima persona y en pasado en su pluralidad, aunque ese pasado de hace más de medio siglo no carece de un juego en el que el presente y el futuro también toman parte. Con una acuciada creatividad, Sybille Knauss no se limita a terminar una novela mercenaria y simple biografía de la prima de Eva Braun. No, no se trata de la clase de historia que todos los familiares-conocidos de monarquías y dictaduras acabadas están dispuestos a vender a cambio de un par de lujos, sino que es más parecido a un testimonio de una chica de inteligencia numérica, estudiante de física. Su biógrafa utiliza las claves lingüísticas de quien sabe de qué habla. Un poco de filosofía, un poco de observación y una visión tan lúcida de la historia como de la propia historia de Marlene, la verdadera protagonista, aunque sepa compartir el escenario con la guerra, el horror, con su prima, con el deterioro de la dignidad de los seres humanos, con la desazón y con la poesía prosaica. Un libro que inesperadamente se ha visto entre la lista de mis preferidos y entre los posibles candidatos a mi estantería. Si hubiese caído en la cuenta en el momento preciso ahora mismo tendría una lista de buenas frases y conceptos explicados con maestría en forma de oraciones. Es el don de la autora: Expresar, jugar con las palabras creando una atmósfera en la que su eje no es otro que la síntesis del alma de todo cuanto haya en el cuadro que describa.
Algunas de las piezas que he podido rescatar diseminadas en el libro han sido éstas: Pág.129. >>No hay nada bueno en lo impropio. Tampoco valentía. Pág.194. >>La discreción es la virtud del que deja que sean otros quienes dicten las reglas del juego. >>Donde hay traición, hay también algo que se puede traicionar. Pág.197. >>Estoy rodeada de muros invisibles contra los que me estrello, me lastimo una y otra vez hasta que lo entiendo: a los hombres hay que tratarlos con absoluta frialdad. Ser absolutamente altivas, absolutamente ofensivas. Las reglas de la cortesía, sí, de la solidaridad, no sirven para con ellos, a menos que una se les aproxime en la actitud de quien hace un favor. Siendo enfermeras podemos ser ángeles auxiliadores y estamos eximidas del mandamiento de la altivez. Pág.219. >>La historia de nuestras mentiras quizá contuviera la verdadera historia. Quizá ésta pudiese leerse entre ellas.
Un libro que se lee con entusiasmo, que no se digna a la facilidad ni a la imágen sencilla, todo en él se hace arte. Indudablemente se diversifica del resto de literatura americana, británica y española, con el sello de identidad de las lenguas europeas del centro.
Chocolate, música y ajedrez se entrelazan para conformar los cimientos de éste cuento de vidas tan reales como los acontecimientos históricos que las acompañan. Se trata, más que de una novela, de un pequeño relato a través de tres generaciones con sus respectivas aventuras de amor, paradoja y muerte. Una de las cosas buenas de leer a un filósofo es que por más sencilla y sútil que sea la historia es que puedes conectar con su fondo y su pasión. Tiene un ritmo casi musical, juega con las páginas convocando una visión estética distinta y en definitiva, es tan fácil y delicioso de leer como puede ser una hora y media saboreando chocolate. Un consejo a quien decida comprarlo: Existe una edición acuática que permite leerlo en un lugar perfecto sin importar las condiciones. Haría una lectura aún más ambiciosa.
Este libro me encantó. Es una ventana por la que entra una luz que te inunda la mente, puedes notar la brisa, los olores, el color, la felicidad, la inocencia, la infancia. Es un canto de agradecimiento por la vida, y un consejo para ser feliz. Cuenta la historia dramática de una niña que vive en la colonia inglesa de las Indias, con sus padres que la consienten y abandonan al mismo tiempo, y que un día a causa de una epidemia mueren y sólo sobrevive ella, que se la llevan a Yorkshire a vivir con su tío desconocido, que es un jorobado solitario y deprimido. Pero ella encuentra una espacio maravilloso para ella (como podría ser para mí este blog) y le dá la vida que, también, le devolverá éste de alguna manera. No es un simple cuento, es el cálculo matemático de la felicidad.
La leyenda del Rey Arturo hubo una época que me volvió absolutamente loca. Era igual que puede ser un friki con Bleach, pero con esta historia. Coleccionaba fotos, y todo tipo de material, y todo a raíz de haberme leído el libro de Jhon Steinbeck. No recuerdo cómo está escrito, si es bueno o malo, sólo sé que me quitó bastantes horas varios meses, y de memoria del ordenador. Puedo aconsejarlo, pero no está acabado, ya que el autro murió antes de poder relatar la historia de Ginebra y Lancelot. Mi personaje preferido (antes no lo era, pero es el que guardo en mi memoria con más cariño) es el de Morgan Le Fay, puede que por eso de ser cruel y bruja. Adjunto una imágen.
Soy muy exigente y no me permito reírme con gracias tontas que lea, ni vea en la tele ni en ningún sitio. Pero es que Alfonso Ussía desarrolla un humor muy parecido al mío en este 'Tratado de las buenas maneras'. No me he reído nunca tanto con ningún libro, ni con tantas ganas. No es que sea un manual. Es una crítica a todo (como a mi me gusta) y un contínuo desfile de prototipos, personajes, pintamonas. Según este libro TODO está mal y es de mal gusto, aunque en ocasiones sí que dá direcciones oportunas. Aunque tiene algunos artículos un poco verdes, y no es un libro exento de palabrotas, se censuran con facilidad, por la disposición de los capítulos. Está ilustrado por Antonio Mingote, y dá sensación de estar leyendo un cómic. A mí me encantó, y se lo aconsejo a mas de uno.
Aunque es más bien espeso, y algo pesado, estos textos son realmente buenos, son imágenes, o más bien dicho, son jardines, bosques y todo tipo de lugares, porque sabe captar la belleza del medio con maestría. Béquer es uno de los pocos escritores españoles de su época que aprecio ligeramente, y es porque es original y emocional por igual, no un sentimental aburrido. Su poesía suele llegar a gustarme, y es algo complicado que eso sea así. Aparte, él en su persona me llama la atención, no sé decir muy bien por qué, puesto que es demasiado fantasioso y tiene la cabeza en otro lugar...o a lo mejor es que ve todo distinto. Puede que sólo sea un positivo patológico. Lo bueno de que sean leyendas y relatos cortos es que puedes empezar por la que te apetezca, e históricamente es un texto bastante bueno. No recuerdo cual fué la que más me gustó, pero tengo varias imágenes y sensaciones que me marcaron mucho de ese libro.
Es un ensayo en forma de cartas, que escribe Anna en un viaje que hizo al Sáhara. Habla de política, de gente valiente, de las dificultades con las que conviven los saharauis y de ganas de mejorar su situación. Me merece una buena opinión, aunque terminé por aburrirme, más que nada por mi gusto literario. A mi hermana le cayó tan bien que es su libro preferido, es realmente interesante y fresco, no tiene pompa ni excesos. Además no es violento, ni tiene ningún tipo de contenido desagradable o inmoral.
Es precioso. La historia no tiene mucho valor, pero está contada exóticamente y aunque es más o menos realista parece una fábula en ocasiones. Lo malo es cuando empieza a tornarse novelita rosa americana, y claro, toca temas sensuales y termina por parecer corriente, perdiendo toda esa mágia del principio, cuando trata de cerca la relación de hermandad de las dos niñas hindús protagonitas.
Esta historia si que me gustó. Todo el mundo va a pensar que menuda cría estoy hecha, pero es que la historia es original y es un juego con la inconsciencia que yo suelo tratar también. Me leí la versión 'seria', la misma que escribió Lewis Carroll sin censuras, y eso también hace que cobre más valor literario. Creo que no hace falta que resuma la novela, porque es muy conocida. En cada página hay creatividad en estado puro, y aunque tuviese hasta dibujos (eso sí, muy feos), no me resultó muy infantil. Para alguien aburrido que quiere ver el mundo con otros ojos y poder ver cada dimensión que le rodea, se lo recomiendo. El autor me parece muy interesante y me voy a buscar una biografía acerca de él y todo. Es muy despierto, o por lo menos tiene una percepción de la realidad tan grande como la fantasía, y eso me atrae muchísimo, porque lo hace de forma misteriosa y no payasa. Y lo confieso, me entraron ganas de ver (y llegué a hacerlo) la película de Disney, que también me encantó y lo digo sin reservas, aunque no llegaría al punto de verla a diario como pretendía hacer mi hermana con pocos años XD.
¡No he leído mayor muermazo en mi vida, madre mía! No tiene ni referencias en internet...está claro que era una biografía seria, con datos concisos, pero de todas formas es terrible. Sólo se lo recomendaría a alguien que me hubiese hecho mucho daño. Me ha quitado hasta las ganas de leerme la novela que me regaló mi tía XD.
Es la historia irreal de Dina, una mujer que está casada con un hombre jordano y que tiene la típica vida americana perfecta. Un día, así por las buenas, se entera de que su marido 'maravilloso' se ha llevado a sus dos hijos pequeños a su país para darle la misma educación que el tuvo y ella se queda sola con sus dos amigas y su hijo mayor gay. Esa es mi parte preferida. Me parece que sabe expresar lo problemático que le resulta a Dina que su hijo tenga esta condición. Es lo único realista que tiene, porque todo lo demás es casi absurdo. Da giros exagerados, y además su relación con el detective que contrata para ayudarle en Jordania está más que de sobra, porque estaba enamorada hace dos meses de su marido... Además también cuenta la historia paralela de sus dos amigas, que es malísima, parece la típica trama de fondo de las series americanas de hospitales... Y además todo resulta poco creíble. Vamos, que no me gustó nada.
La hija del Ganges es la historia de una chica hindú que vive en Barcelona desde los siete años si recuerdo bien, a la que adoptaron y que hace unos años decidió buscar a su familia y conocer su historia anterior a la adopción. La historia está contada en forma de diario de viajero, y cuenta su estancia en la india haciendo labores humanitarias y buscando información en los orfanatos en donde estuvo etc. En el segundo relata su segundo viaje a la india para hacer un reportaje de televisión recreando su anterior viaje a la india, aunque todo da un vuelco: La historia de la hija del Ganges no es totalmente verdadera y descubre la realidad. Conoce a su hermana biológica y a la familia de ésta y en definitiva, es lo que debería haber sido La hija del Ganges. No es muy rico ni artístico, más bien es un documento interesante de una investigación, algo personal y sencillo. No está mal, pero cuando lo cogí de la biblioteca esperaba algo un poco más emocionante.
Este libro lo leí por eso de 'sicología de los cuentos de hadas'. Cuenta varios cuentos populares (aunque algunos son desconocidos aquí en España) de forma sencilla sin recursos literarios ni nada que aportar. Sólo te razona, teoriza y explica por qué hacen cada cosa y no es divertido, tampoco entretenido. No es que sea aburrido, pero resulta algo insípido. Por lo menos era corto. No lo recomiendo.