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domingo, 13 de junio de 2010

¿Qué fue de Baby Jane?



Volverse loco es uno de los privilegios por el que todos sacrificarían algo. Lo malo es que ese algo debe ser un algo concreto, cierta faceta que se torne excusa. Citemos algunas: La soledad, la enfermedad, el fracaso, la frustración, la sexualidad reprimida, un desengaño, la depresión, la pérdida de un ser querido _puede ser fácilmente un gato, recordemos a esa magnífica Judi Dench en Diario de un escándalo, otra dama de carácter cínico y fuerte talento_, el nihilismo _por ejemplo, Nietzsche, aunque él es un caso particular_, un accidente de cualquier tipo, una violación...No es fácil decidir qué faceta alterar o de la cual prescindir para poder aseverar que nuestra locura es irreversible, todos los detalles deben estar bien soldados y el proceso de gradual enloquecimiento ha de ser perfecto, debe merecerse un óscar al mejor ritmo narrativo, aunque creo que ese premio específico no existe. Creo que en el fondo todos adoramos a Baby Jane _porque tiene el valor de convertirse en una verdadera demente_ aunque sea, teóricamente malvada, y esa es la respuesta al porqué de esta película. Quien no adore este personaje, probablemente no conozca el significado de volverse loco, ni la necesidad de serlo, ni por tanto el sentido de la vida, o bien, está ya bien encaminado en el proceso del enloquecimiento y se hace el inafectado, el que está por encima del bien y del mal _ creyéndose realmente que esto es así_, o sencillamente tienen una moral que no les permite disfrutar de lo delirante de su existencia.

Excentricidades y sátiras aparte.


La comedia es negra _y no porque sea en blanco y negro ni porque sus protagonistas sean afroamericanos_ Hoy la trato porque tiene dos puntos a favor: La trama y los personajes. En cuanto que la primera tiene su función únicamente en explicar las personalidades de los segundos y permitir que se desenvuelvan, podemos decir que es secundaria, pero hay que matizar que no por falta de brillantez, ya que es por la trama que los personajes no quedan reducidos a simples clichés de quince minutos en una prueba de teatro para asimilar teorías y técnicas nuevas de interpretación. Por tanto, como se cuenta con un buen guión, que da mucha libertad y que, sobretodo informa, lleva al espectador a saborear directamente lo que Robert Aldrich, el director, _ y yo, que llevo obsesionada con un personaje así desde los 16 años sin tener idea de que existía_ quiere que saboree: la personalidad excitante de una mujer supuestamente despreciable, pero que está tan llena de carisma que merece ser, por lo menos, el modelo de no mujer, sólo con el propósito de darle un lugar destacado en algún pódium.

Bette Davis para mí era sólo un nombre antiguo, con algo de glamour y una serie de películas que no me interesaban detrás de sí, en su carrera. Pero con esta película parece gritar al mundo que lleva toda su vida esperando tener la edad y apariencia oportunas para hacer esta clase de papeles y que el efecto de señorita elegante y atractiva era sólo un puente para alcanzar realmente su objetivo, que no era más que encarnar a la clase de mujer que realmente se siente: una loca excusable.


Creo que durante toda mi vida he tenido interés en la interpretación y he querido aprender a ser actriz para interpretar esta clase de caracteres. Me gustaría creer que para Davis fue igual. Lo que me hace pensar que esto fue así es que a Bette no le basta con meterse en la piel de Baby Jane, sino que arrastra toda una historia, te la hace comprender con un sólo gesto, la pelvis hacia delante, las pierdas entumecidas, los brazos caídos. Representa el punto en el que la mera interpretación, como un vehículo para la promoción de un actor y para humanizar la historia que se graba, pasa a ser Arte, expresión de la interioridad personal.

También Joan Crawford trabaja con Blanche. Los personajes están muy definidos, también el pobre tipo gordo que se enreda en lo que parece un pseudoromance vomitivo de desesperación y caos mental con la heroína, pero parece que la actriz principal lleve toda su vida rumiando la sangre del seso de esa extraña mujerzuela, y sólo se encarga de rezumarla por la mirada, los labios, las manos, la voz (está bien doblada al español), ese grito desgarrado de mujer fumadora de cincuenta-sesenta años que me hace sacudirme al sentir un escalofrío por la espalda: es ella, es ella, es ella...¡es ella! Han sabido calcarla sin perturbar su esencia, sin desvirtuar ese cánon, al parecer, universal.

La imagen, teniendo en cuenta su contexto técnico, es de gran calidad, recuerdo las escenas en color, con una estética de los sesenta o setenta, y en realidad es producto de mi mala memoria, pero también de sus buenas cualidades de iluminación y diferente coloración, siempre en esos entrañables tonos blanco-grises-negros.

Un par de imágenes en color que se encuentran en internet y que no se sabe dónde tienen su origen, ya que la película se rodó en blanco y negro. Crecerán en los huequecillos de internet cual hongo, con el paso del tiempo, digo yo.

El ritmo es adecuado, recuerda a una obra de teatro. Cada cuadro empieza y acaba, y va encadenado al siguiente, como una lista de ideas ocurrentes de la terrible Jane, o bien como nexos entre ellas. Cada uno de ellos posee gran fuerza, de forma homogénea, no hay un momento mejor que otro, ni siquiera el desenlace es más álgido, ni el nudo, como suele ser en estas cosas, cada hecho tiene importancia por sí mismo.
Aunque es un drama con toques de humor _que reside en las acciones de mayor crueldad_, el terror tiene una nota presente, aunque se evade tajantemente todo rasgo de sanguinariedad, pues ese no es el fin de una película cuyo interés radica en lo psicológico, social, artístico y filosófico.

También existe gran plasticidad en la estética, el escenario (una casa que resulta familiar, si entras en ella te sabes mover con soltura, cosa importante cuando las cosas más importantes ocurrirán en el claustro que cobija ésta), el maquillaje _porque no es fácil crear ese efecto tremendista en la cara de Jane, manteniéndolo visible y teatralmente expresivo sin perder el realismo_ y la música, que nos encuadra en la época y en el vínculo con el miedo.
Dificultades: el primer y único rótulo al comienzo de la película, que indica sinsentido "Ayer", cuando todo lo que se podía englobar en ayer _infancia de las hermanas, juventud, etc_ ya ha pasado, justo antes de la larga y pausada cortinilla del título, que tampoco tiene sentido y que aburre hasta el infinito, cosa que hace despistarse al público y le hace pensar que está ante un bodrio de tres al cuarto.

"O sea, ¿que podríamos haber sido amigas todos estos años?", es decir, si Jane no dejó inválida a su pobre hermana y la intención venía precisamente de la desgraciada Blanche, significa que ambas se odiaban, se envidiaban...por igual. Si eran lo mismo...¿por qué no habían podido vivir esa vida agradable que tanto ansiaba Jane? ¿Quién tiene más culpas, y quién empezó? La mala actitud, en ambas, pero cada una en un sentido: la menor era caprichosa y la mayor era hostil por su situación a la sombra. En realidad la pequeña tenía dos ambiciones: la fama y el cariño de su hermana: "¿quieres un helado?", dice cuando es una niña, y al final, en la playa, libre de todo temor y celos. También se deshace ante la figura de su hermana mayor cuando tiene problemas.

Si es que la situación degeneró de tal forma, tal vez no sea sólo por el convencimiento de Jane sino por varias causas, y es que Blanche era demasiado dócil, era dócil porque se sentía ajusticiada por el azar tras el intento de asesinato de su hermana. Y en este punto, pensamos: ¿Cuál era, entonces, el problema? ¿Qué les alejaba? Sin más, la falta de sinceridad de Blanche, su demasiado control sobre ella y la situación, su frialdad, el retraimiento...más le hubiese valido dejarse llevar por la locura que sí que profesaba su hermana, porque, en cuanto a maldad eran casi iguales, porque en cuanto a maldad ¿quién juzga?

Baby Jane inspira a los artistas, también a algún que otro fabricante de muñecos de cera...y ¡cómo no! hubiese sido considerable pecado el no realizar una muñeca inspirada en las "Auténticas y preciosas muñecas Baby Jane".

sábado, 12 de junio de 2010

Matar a un ruiseñor.


Jem y Scoutt descubriendo los pequeños regalos de Boo Ewell.

Entrañable. Prácticamente tiene las cualidades de una película que crea género. Sus imágenes son minuciosas, se recrean en la niñez, pero desde su punto de vista. Este es su punto fuerte, y de no ser así quedaría en un simple retrato de la injusticia racial de los años del blanco y negro, y como un precedente de la posterior, los de los años en color.
Yo lo calificaría de expresionista. Es una contínua sucesión de situaciones terroríficas, pero absurdas e inocentes, propias de los juegos de los niños en los que todo adquiere un misterio y fábula resonantes. La forma, por ejemplo, en que Bob Ewell se mueve y, sobretodo, cómo lo percibe Jem cuando está solo metido en el coche (yo también tengo un recuerdo de "tren de la bruja" de aquellas veces en que mi abuelo me dejaba "encerrada" en el coche mientras le esperaba), recuerda a la célebre Nosferatu del cine mudo. Así, los chicos aprenden a temer lo que realmente es una amenaza: la sociedad, la realidad sin idealizaciones, con toda su violencia desgraciadamente propia de la que todos somos víctimas, sin importar raza u otra condición, ya que el cazador, el humanicida (haciendo uso del vocablo homicida en un sentido aún más exterminador), debilita la dignidad de la humanidad al completo, no es capaz de atacar tan sólo una de sus facetas.

Memorables interpretaciones de Gregory Peck, como el genial padre Atticus Finch, y del resto del juvenil elenco.

Por supuesto también hay que recalcar su belleza idílica, cque conducen a la infancia en el pueblo y las vacaciones rurales. Resulta inspiradora, insta a participar del mundo del audiovisual, para poder registrar nuevas técnicas narrativas, como debió de hacer esta película en su tiempo. Divertida y amena, incluso podría ser más larga sin perder un ápice del interés que consigue por parte del espectador, encantado con los personajes. Sólo me hubiese gustado conocer más profundamente a Scoutt, pero más que nada por su virilidad, tan simpática.
El mensaje filosófico requiere que sea analizado particularmente, e incluso me tienta la idea de verla de nuevo, pausadamente, (o mejor aún leer el libro de Harper Lee) apuntando todas las ideas que me sugiere, criticando y exaltando las teorías humanistas que dan el impulso total al largometraje. De momento dejo a nuestra respetada Wikipedia en este enlace para que analice la interesante aportación de Robert Mulligan, centrada en la novela.

Rebecca (Alfred Hitchcock)


De Hitchcock todo se sabe, prácticamente. Y de sus obras. Sus curiosidades, en concreto las de Rebecca, pueden formar parte de nuestra enciclopedia personal portátil abstracta y tan racional como lo contrario (como suelo entender la mente) con tan sólo clickear en el buscador tras haberle ordenado que nos informe acerca de la susodicha película. Aún así, para facilitar el acceso a estas informaciones básicas expongo el link de Wikipedia para la novela de la peculiar Daphne Du Maurier (la autora original del libro) y la de la película.


La película no tiene un mal comienzo, de hecho, hasta que se revela la verdadera historia en un pasado acontecida, con el fin de satisfacer las ansias de felicidad y romanticismo, que en la débil protagonista son una sola cosa, se pierde el clímax, el sentido, es uno de aquellos casos en que se pierde toda la trama al pretender explicarla o bien completarla. La Mansión Manderley es una perfección para el género misterioso, las escenas, las músicas, hasta las facciones de la joven que se ve envuelta en el extraño caso, son ideales para acompañar la fuerza de la obra de Hitchcock, que básicamente_ aunque no en exclusiva_ descansa en el personaje de Rebecca, como ocurre en la novela.

La primera parte gira en torno al conflicto entre Joan Fontaine, que en la película no tiene ni nombre propio, y su rico y extravagante nuevo marido. Este conflicto no es otro que la incomodidad propiciada por el fantasma de la mujer fallecida de éste. Dentro de este juego de atmósferas que incitan al deseo del estremecimiento destaca la rotundidad del ama de llaves, que me pareció ausente de su papel, como si la actriz se sintiese por encima de la supuesta vulgaridad de participar desde el segundo plano. Realmente no consigue el efecto que procura, ese que conocemos, el de atemorizar, sin embargo, sí que le da consistencia a la historia. Ahora diré el porqué.

Si consideramos que esta primera parte se extiende hasta la última escena en que se defiende la esencia necrofílica, la cual considero que es cuando la nueva señora de Winter (Fontaine) se decide a sucumbir ante la curiosidad y la rabia contra una persona inexistente (Rebecca), y entra en el que fue el aposento privado de ésta, la mejor habitación de la casa, reservada para su memoria, podríamos asistir a una representación más gráfica de los factores relevantes en la atribulada existencia de la pobre Fontaine.

Hasta el momento conocemos lo imprescindible del personaje fenecido, su eternidad, bien por su carisma, por su belleza o por ser el objeto del amor imperecedero de Maxim De Winter. Parece ser el eje de todo, sin embargo (y cuando se resuelven los asuntos esto se aclara aún más) esto es sólo una parcela, que viene mortalmente complementada de una serie de fenómenos…pasionales. A esto se refieren las reacciones de los diferentes personajes que van desfilando ante la mirada exigente de Hitchcock. En especial, quisiera hacer referencia a la brillantez interpretativa de Judith Anderson en la nombrada escena, la que supone el punto y aparte del primer fragmento del largometraje según mi forma de entenderlo. Esta ama de llaves confunde mi razón al rematar la situación con poesía en la voz, como un cantar épico, más bien como si fuese una oda o un himno, por el que termina enloqueciendo definitivamente a la pobre segunda esposa. Si esta es la escena que considero cumbre, también es el punto en el que empieza el declive total, crecientemente galopante en la pérdida de la facultad de la genialidad, hasta volver a su contundencia para despedirse con el arrebatado desenlace, confirmación de ciertas sospechas fomentadas por las actuaciones de la oscura ama de llaves en previos actos, como el comentado y aquél en el que todos están reunidos en una sala privada de un restaurante, discutiendo la posibilidad de que Rebeca fuese asesinada.

El caso es que, todo el nudo final, aquella historieta sobre el juicio de Maxim de Winter y demás, no son más que una excusa, una aclaración, que conduce a lo que es en verdad el entramado: Rebecca era una mujer de un carácter increíble, capaz de engatusar a cualquiera, _excepto al que fue su marido, que buscaba algo más similar a lo que obtiene más tarde en la figura de su siguiente esposa (dulzura, modestia y sinceridad)_ con su hartera racionalidad, su potencia intelectual, su poderosa ambición que le hizo no conformarse con poco y decidir su término por sí misma, cuando se vio acabada.

Sin embargo, es el final lo que hace pensar en algo más, ajeno al pilar y cimiento de la redacción, o sea, Rebecca, y esto creo que es, sin duda alguna, la fuerza de otro carácter de indecible fortaleza paralela a la de la muerta, vinculada y alimentada por el de ésta, con un desenlace similar al suyo (el suicidio ante la perspectiva de estar derrotada por la vida), al de su adorada (tal vez sea quien más amor le guarde, a pesar de ser objeto de admiración de multitud de personajes) señora. Hablo, ni más ni menos, que de una consagrada, enamorada, ama de llaves, oscura y fiel hasta la muerte, capaz de sabotear la experiencia vital de los nuevos amos de Manderley, si así se requiere para dar cuerpo al relato que mitificaría aún más a la Rebecca Muerta.


Obviamente, una obra que podría catalogarse de "aceptable" dentro del ranking de las buenas películas de la historia, original aunque en exceso larga, no tanto por su duración ni por su pesadez, cosa que no llega a conformar la sarta de adjetivos que merece, sino porque pierde energía en focos y demás instrumentos de iluminación para alumbrar un mal ensamblado puente con la solución, suficientemente aburrida y costumbrista, que rompe con todo el arte anterior ofrecido, e incluso con el del final. No sólo eliminaría esto, sino también resumiría las declaraciones amorosas e intensificaría el fuerte drama personal de cada individuo, para demostrar que tras la tristeza de la realidad de Rebecca no gobernaba una mujer malvada, ni una enfermedad como parece querer decir, ni una infidelidad, ni un caracter sencillamente preponderante, sino, tan sólo, una mujer, compleja como la que más, como el resto de seres que, según se vislumbra, aunque muy a la distancia, crean la razón de ser de esta brutalmente sutil obra, de esas que te decepcionan un tanto, pero que con el tiempo van acomodándose a tus recuerdos, tomando nuevos matices y sabores, tornándose una grata y peculiar experiencia que va gustándote cada vez más.

domingo, 2 de agosto de 2009

Up. Vértigo, humor, ternura y esfuerzo en los detalles


El pasado viernes se estrenó la nueva película de Pixar, Up, y como otros tantos (no sólo niños), fuí a verla.
Up debería marcar una nueva línea de largometrajes del estudio que cambió la visión que teníamos de los dibujos animados. Se trata de una obra de arte con el peso de las primeras películas de Disney, con los elementos adecuados para convertirse en un clásico pero con toques de actualidad que la convertirán en un legado vintage en el futuro.
No es hilarante ni busca la risa fácil. Los personajes son entrañables y se aleja del exceso de los surrealismos a los que estamos acostumbrados, pero sin dejar de lado la fantasía y la capacidad de soñar de niños y adultos. Está muy cuidada, por ejemplo, se termina con el tópico del animal que habla introduciendo la tecnología del collar que permite hablar al perro para que sea más realista. En concreto conozco esa tecnología, que se está desarrollando en la actualidad para las personas parapléjicas, y desde luego resulta acertado mezclar esos conceptos tan actuales para darle ese giro al personaje.
Hay algo en la película que me recuerda a los cortos de Mickey, Donald y Goofey y a la obra de Chaplin, pero no termina de ser tan agobiante. La imágen sigue siendo brillante y viva, como nos tiene acostumbrado el estudio.
Parece que Pixar haya tocado ya el cielo, nunca mejor dicho, y que se esté reafirmando por fín, firme a unos principios que le harán_espero_seguir mejorando.

Cadillac Records


La ví por Adrien Brody, pues me encantó su papel en El pianista, pero decididamente pierde mucho en esta película, que es sórdida de aburrimiento. Es muy fácil perder el hilo de la historia y en muchas ocasiones no sabía qué estaba ocurriendo. La trama no interesaría a nadie y le falta intensidad y un mínimo de interés por la producción de la película. La música, base de la historia, es pésima, y la interpretación de Beyonce infantilmente pastelera, además de que protagoniza mucho más la publicidad de la película que las escenas. Al menos la música de Etta James es buena y Beyonce la canta con un sentimiento delicioso y su gran voz, eclipsada desde hace años por su música basura.
Bodrio. Insuficiente.

Cold Mountain


Cold Mountain suena a peliculón. En los Óscars obtuvo siete nominaciones y Renée Zellweger llegó a ganar el suyo a la mejor interpretación de reparto. Jude Law también realizó un papel interesante como su carrera requería, pues es un buen actor. Pero la banda sonora es pésima, y no casa con el ambiente de la película. Con esto me refiero especialmente a las partes en las que una chica rubia con el físico de Gwyneth Paltrow y la voz modosa que aprendió a utilizar junto a una guitarra de country durante su estancia en el instituto hace una interpretación de la canción que le han encargado haciendo referencia al 2003, año en que se estrenó la película en cuestión, y no a la época de la guerra civil americana. Es la clase de película que lleva intenciones de arrasar pero que no es capaz de otra cosa que de forzar la fama, pues en sí la trama es barata y la producción sin sabor.
Por otra parte, Kidman es una de las actrices más malas (bajo mi punto de vista) del panorama actual y no sabe aportarle ninguna consistencia a sus personajes, aunque sí su cara bonita. Nicole tiene la tendencia a interpretar papeles fáciles, con poco riesgo, es la princesita de Hollywood, pero debería considerar la posibilidad de darle un toque arrebatadoramente excéntrico que haga el papel suyo. Por ejemplo, hay una escena en la que el padre de Ada ya ha muerto, ella está sola, dejada de la mano de Dios y volviéndose algo loca, cuando se le acerca una gallina para atacarle. A ella no se le ocurre más que gritar y echarla muerta de miedo, pero la escena, sin importancia, requería algún detalle expresivo sin pasar por el filtro del protocolo cursi de Kidman.
Sinceramente me costó verla. Se hace lenta y casi siempre estás esperando que pase algo y cuando pasa deseas que deje de ocurrir pues lo único que ofrece la película son barbaridades, además de la interpretación legendaria de Zellweger, que se impuso en los Óscars, los Globos de Oro, los Bafta y en el Sindicato de Actores. Aunque eso sí, debe ser vista en versión original, pues con el doblaje pierde mucho.

Renée metida en su papel de Ruby. Gran interpretación, pero también gran personaje, que pocas habríamos sido capaces de rechazar.
Una historia fría que apenas es capaz de tocarte la fibra, llena de sexo, violencia y la interpretación falta de complicidad entre Jude Law y Nicole Kidman. Apenas trasmite nada, y hasta la relación entre Jack White, actor inexperto, y Zellweger trasmite más química que la de éstos dos supuestos enamorados.
Al menos las imágenes son preciosas, y hacía falta una película que hablase de la guerra civil estadounidense como protagonista.

miércoles, 29 de julio de 2009

Appaloosa


El gran bodrio del año. Carente de argumento, ritmo y cualquier otra cosa que pueda atraer al espectador, Appaloosa es el 'brillante' trabajo de un Ed Harris tan aburrido como siempre, atascado en el neutro que, tal y como su personaje dice, parece creer que los sentimientos le harán morir. Lo único que le da algo más de vitalidad a la cinta es el personaje femenino de Allie, una viuda ligera de cascos permanentemente asustada, que por la complejidad de sus movimientos, motivados por sus necesidades, determina el único punto intelectual en todo el argumento.

Sabiendo que la película está dirigida por el propio Ed, es comprensible la semejanza evidente entre el actor y la historia, que se disputa el pódium a lo insulso con su padre productivo.
Creo que nada más que decir. Al menos ha renovado la imágen de las películas del oeste que televisan en Canal sur.

lunes, 27 de julio de 2009

Abajo el amor


¡La eterna lucha! Entre tanto humor surreal y estupideces se esconde la realidad de los años sesenta, la de mi abuela, la mía propia, pues cada uno tiene su propio proceso histórico interno y aunque siempre he defendido la igualdad de sexos y un poco la superioridad de las mujeres, por eso del despecho y el maltrato que algunas hemos recibido, (entre otros motivos de índole intelectual y adaptativo propios de las féminas), tal vez esta sea la etapa en la que estos sentimientos se ven más reforzado pues es la edad de la independencia y la de hacerse valer por lo que una es. Sin duda me quedo con el comentario del amigo de Catch, Peter MacMannus, que viene a decir algo así: Tú tienes la culpa de que yo me sienta utilizado por Vikki (su nueva novia y editora de Barbara Novak, la protagonista) para satisfascer su apetito sexual. Debería ser al contrario. La culpa la tienes tú y los hombres como tú que habéis sido unos Casanovas y habéis elegido las chicas a la carta sin miramiento, y habéis provocado que las mujeres de hoy en día sean lo mismo que sois ustedes. Para mí significa la moraleja de la película y el resumen del presente. Es cierto que las mujeres utilizan el sexo para esclavizar a los hombres y acceder al poder, y que hasta hace muy poco de la misma forma los hombres se agarraban a su fuerza física para imponer su protección y liderazgo. Es verdad que las mujeres en muchos aspectos sólo estamos siendo buenas alumnas y repetimos lo que hemos visto durante 2000 años. Quién sabe si esto durará otros 2000.
Lo que hoy en día muchos no somos capaces de entender es si el sexo va ligado al amor o no, y en el caso de que no sea así, para qué existe el amor, para qué surge si lo hace de forma natural e inevitable. Si existe, ¿Por qué nos empeñamos en destrozarlo y desvirtuar su imágen cada vez más? Tal vez sexo y amor cohabitan pero la una no conlleva la otra, y en tal caso deberíamos suponer que un matrimonio de toda la vida sin pasión es lo mismo que la relación entre dos hermanos. Y ahora, por curiosidad, ¿Por qué se ha unido siempre al amor y el sexo? Cierto es, que antaño era muy común ligar el sentimiento del deseo al amor, y de hecho, en muchas obras clásicas, como Romeo y Julieta, el principal premio que se disputa es la relación íntima, la consumación, el apareamiento. Sí, estaríamos hablando de la líbido, de todo eso que le gusta tanto a Freud, hablaríamos de cortejo para dignificar el impulso de reproducirse, pero entonces, ¿cómo evoluciona el deseo a complicidad? Hoy en día un gran porcentaje de personas piensan que una pareja es alguien que les completa, o bien que les hace felices o les apoya, le cuida y que sabe ser su mejor amigo u amiga. ¿Es el tema del sexo un campo expuesto a la elección personal o existe en el fondo una pauta marcada de forma natural en nosotros?
Sea como sea, no se puede dudar: Existe el desenfreno. Desenfreno sexual, dudas con respecto a lo que nos hace felices, con respecto a la vida idónea para hombres y mujeres. Somos animales sin instintos que no sabemos que camino escoger y nos reinventamos una y otra vez, sin éxito. Nos exploramos. Nos preguntamos y nos ponemos en el supuesto, y después ponemos en práctica cosas que sólo intuímos que pueden funcionar, pero, mientras tanto la vida fluye, con su historia paralela, y así se van creando otras consciencias que dan lugar a nuevas preguntas: El ser humano es la gran cuna de las preguntas, de la filosofía. Nadie se pregunta sino nosotros y nadie es capaz de contestar algo determinante. Somos la cuestión, somos el interrogante.
Y eso es esta película que roza las intenciones de convertirse en musical: Una pregunta con respuesta limitada, con un modelo que a todos no satisface. Es una propuesta.

domingo, 26 de julio de 2009

Retorno a Brideshead


Esta película nos habla de la fuerza que ejerce en nosotros el deseo, la aspiración y la ensoñación producida por la fascinación.
Charles es un chico universitario que pese a que su decisión es estudiar bellas artes, se ve estudiando Historia por la imposición de su padre. Allí conoce a un chico homosexual que termina por acogerlo y convertirlo en su amante de forma gradual. Charles no ofrece oposición pues el chico es agradable y jamás le exige sexo, y además le pertenece (o él pertenece a, deberíamos decir) una mansión encantadora que cobija a la bella hermana de su amigo.
Un maremágnum de deseos y confusiones con el trasfondo de la lucha del ateo contra el cristianismo. Un reflejo audaz de la verdad de la religión católica (y otras parecidas) que puede asfixiar la vida humana, para la que precisamente fué creada.
Mi lema encuentra una sucesión de imágenes que explican la veracidad de éste con la película a la que me refiero: Aspira a algo, no a todo, pues sino todo perderás.
Nada es lo que consigue el protagonista. Ni a su amigo, ni a su amada, ni a su mujer, ni a su amada mansión. No halla nada más que un cuerpo que regalar en la batalla a los enemigos del eje.

Lanza así dos retóricas: La religión y la ambición, aunque la película comienza hablando de la culpa...sin embargo, más que culpa yo diría que lo que conmueve a Charles es su propio fracaso, un arrepentimiento voraz de haber sido un mal cazador, pero acaso lo que se retuerce ahí dentro no es culpa. Y en todo caso es la nada.
Tan realista como la vida misma, con un final tan desencantado y poco realizado como ella.
Y también representa para mí la primera película acerca de la homosexualidad que veo. Debería haberlo hecho antes, porque si me quedaba la duda de que la homosexualidad es algo tan corriente como una relación heterosexual, la he despejado, y sí, considero que más valdría que algunas parejas heteros se deshiciesen y que otras del mismo sexo surgiesen, pues pueden ser más sanas.

Me opongo rotundamente a la teoría del desequilibrio homosexual por norma general, pues casi todas las relaciones de pareja se sustentan en necesidades no cubiertas durante la infancia y resto de las edades y a desequilibrios, y las que no, pueden estar orgullosas de que así sea, sean heteros u homosexuales.

martes, 21 de julio de 2009

La rosa púrpura del Cairo


Mi crítica para La rosa púrpura del Cairo será positiva. La verdad es que se trata de una buena historia, que aunque no está falta de fantasía, la considero sencillamente llena de imaginación para ilustrar preguntas retóricas. Y además tiene la cualidad de inquietar a sus personajes, es decir que se resalta el realismo de ese mundo en el que algo así se recibe de forma inesperada, como ocurre en Los pájaros de Hitchcock.
Una mujer desgraciada cuyo marido le es infiel, le pega y la trata lo peor posible como era tradición en los años treinta estadounidenses, es despedida de su trabajo tras haber abandonado su casa por fín pues ya no podía con la situación. Desesperada, sin lugar a donde ir, entra en el cine (su gran pasión) y ve La rosa púrpura del Cairo por quinta vez. Allí de repente uno de los personajes la mira y le pregunta quién es: Se ha enamorado de su espectadora.
Y sale de la pantalla, sin más, para irse con la chica.
Un retrato muy fiel de algunos hombres, si me refiero al marido de ella y al actor al que conoce más tarde.

Mia Farrow en una de las tantas escenas en las que ve películas en el cine.

Los años treinta fueron los tiempos en los que se pusieron a prueba la felicidad y el positivismo (así como la capacidad de evasión que proporcionaba el cine, la literatura, el baile, la música, el alcohol...) aprendidos durante los años precursores: Los años veinte. Esto se ve perfectamente reflejado en la película y sigue siendo fuente de inspiración para muchos cineastas y escritores, así como el terror en la guerra, el sexo en los años veinte, la revolución en los sesenta y la droga en los 70 y 80. Como vemos, contamos con todo un siglo lleno de historias y elementos que nos resultan necesarios para crearnos una identidad propia que asimilar y perfilar.
Una música muy buena, propia de los gustos musicales de Woody Allen, su director, del que no había tenido el honor de ver ninguna obra.

lunes, 13 de julio de 2009

10 razones para odiarte


He acabado de ver una película que han dado múltiples veces en antena tres y que nunca llegó a llamarme la atención pero sin embargo he podido comprobar que con algunas dosis de tolerancia no estaba alejada de mi gusto aún perteneciendo a un género que últimamente no suelo frecuentar: La comedia romántica.
El por qué de mi rechazo residía principalmente en la imágen de película fácil y vendedora (siempre opuesta al arte) compuesta por demasiadas bromas verdes y una trama inútil. Sin embargo entre tanta alegoría a la inconsistencia he conocido a un personaje muy especial para mí ya que puedo identificarme gloriosamente con él: Kat, su protagonista. Una chica irónica y antisocial, cuyo motivo para su hostilidad se encuentra en el deseo de hacer lo que desea y no lo que la corriente mande. Cual Jane Eyre, Jo de Mujercitas, o la señorita Elisabeth Bennet de Orgullo y Prejuicio, es una feminista liberal con personalidad propia pero dotada de un romanticismo interior que pocos deben conocer. Así es el nuevo modelo de heroína victoriana, que se mueve entre los ambientes más decadentemente alcohólicos. Como nota final su relación con su hermana raya la parodia de la mía con mi hermana también menor, convirtiéndo la historia en algo más que el inicial reclamo que constituía para mí al conocer que la trama se basaba en la obra de Shakespeare La fierecilla domada.
No podría decir que es mi película preferida, pero si podría decir que su personaje principal no tiene desperdicio y que lo tendré entre mis favorecidos. Por cierto que el chico que comparte cartel con ella es un encanto (me refiero a su caracterización no al actor).
Entretenida, divertida en ocasiones, con unos guiones vivaces y el magnífico telón de fondo del sexto arte, la literatura.

sábado, 4 de julio de 2009

Conversaciones con Dios

Hace algún tiempo que conocí un fenómeno que terminó por despertar mi interés. Es el caso de Neale Donald Walsch, el autor de conversaciones con Dios.
Ayer ví la película basada en su vida. Para empezar la película no es gran cosa, es más bien un reflejo de las enseñanzas de su libro, así que voy a hablar del fenómeno en sí.

Walsch perdió a sus mujeres en varias ocasiones, según él, por su culpa, así que no vamos a cuestionarlo pues si es capaz incluso de reconocerlo no creo que esas mujeres sientan especial delirio por autoinmolarse diciendo que la culpa fue de ellas. También perdió su empleo (eran buenos empleos) y tuvo un accidente en el que se partió el cuello. Así que terminó mendigando hasta que encontró un trabajo en la radio y alquiló un apartamento. Más tarde la radio quebraría y él desesperado empezaría a hablar con Dios, pues además de todo lo ocurrido, estaba solo. Así es como nació su trilogía Conversaciones con Dios, que sería la encargada de dar el pistoletazo de salida al resto de la saga, compuesta por varios títulos: Amistad Con Dios , Unión común con Dios, El Dios del Mañana, Que Dios Quiere y Hogar Con Dios: En Una Vida Que Nunca Termina.
Alcanzó un nivel de ventas desorbitante y se llegó a filmar la película por la cual he decidido escribir esto.
Neale dice que Dios respondió cuando él le dijo que estaba solo y que le necesitaba, en pocas palabras. Y empezó a dictarle las claves para que el género humano fuese feliz, y viviera.
Este peculiar personaje apunta que Dios no es lo que siempre se ha sostenido. Habla de un Dios de amor, bondadoso, que lo sabe todo y que es uno con nosotros, pues somos su creación, por tanto jamás nos abandona.
Mezcla la religiosidad con la filosofía diciendo que no hay un patrón exacto del bien y del mal, sino más bien que cada uno debe decidir qué es y por qué.
Alrededor de éstas enseñanzas se ha erigido todo un movimiento new age que casi constituye una nueva religión.
Algunos autores se han apuntado a la moda, como Rondha Byrne que escribió El Secreto, fortaleciendo la nueva tendencia.
Al tratarse de una ideología libre, en principio sin ánimo de lucro (aunque Walsch se forró), y que no hostiga sino que pretende la felicidad, es muy distinta a la relgión tradicional, pero sus ideas, basadas en Dios, y su tono didáctico son propios de una, aunque su modernidad es absoluta y se pronuncia sobre todo (economía, política, sexo, romance...).
Ciertamente tiene puntos en común con religiones relativamente jóvenes, como La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos días, aunque en lugar de presentar doctrinas firmes otorga mayor libertad al individuo y es más una guía que una organización, y desde luego, siempre he creído que si existe un Dios no establecería una organización sino una guía poco atávica. Claro que también he creído siempre que lo que un hombre pueda aprender de Dios lo puede aprender cualquiera, así que los profetas son, o bien gente que aprende por sí mismo (eruditos, entendidos, inspirados...) y no por Dios; por ésto si que pueden quedar señalados, al igual que otras personas que terminan destacando, o bien, en el caso de que se autoproclamen (siempre con el apoyo de un número mayor o menor de personas, según la cantidad de afiliados al movimiento) mensajeros de Dios, se tratará de grandes cuentistas.
Se supone que la película y los libros cambian las vidas de las personas. Pero yo sigo sin entender si de verdad la gente necesita tanta guía. Tal vez hay gente verdaderamente perdida que necesita que le den las respuestas pues ellos no pueden encontrarlas por sí mismos. Pero en el fondo de mi corazón sigo sin entender por qué unos pocos se empeñan en explicarnos a los demás la felicidad y el camino a seguir. Algún día entenderé, pero de momento sólo pienso que se trata de una aprovechamiento de las penas ajenas para sacar dinero.
Para más información podemos ver la página web de Neale Walsch o El Despertar de la Consciencia, web que trata el nacimiento de esta nueva consciencia, como es llamada la tendencia.
Al ver la página web nos puede parecer que estamos en un portal de los testigos de Jehová o algo parecido, sólo esto puede crearnos una idea, pero quén sabe, tal vez los libros contengan algunas ideas interesantes.